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Los Black Keys hacen repaso de las casualidades que catapultaron a la banda

“Somos jóvenes y estamos preparados” escribieron los Black Keys en la carta que acompañó su primera demo. Una declaración atrevida donde las haya. También totalmente falsa. “No habíamos tocado en ningún sitio todavía” asegura Dan Auerbach, cantante y guitarrista, con una sonrisa. “Bueno… era una mentira piadosa”.

En The big come up Auerbach y Patrick Carney, el batería, cuentan los acontecimientos aleatorios que les condujeron a su debut, comparten divertidas historias sobre los inicios de la formación y anécdotas de su primer concierto.

Al principio la pareja musical quedaba en lugares representativos de su infancia en Akron (Ohio), su ciudad natal. “Intercambiábamos cromos de béisbol como cualquier niño” rememora Carney. Según iban creciendo, ambos iban encantándose cada vez más por el mundo de la música. Además sus hermanos eran amigos, lo que les mantuvo cercanos. Sin embargo, las reuniones informales de los futuros Keys terminaron cuando perdieron contacto durante un año: el guitarrista fue a la Universidad, más obsesionado por la música que por atender en clase. Auerbach terminó dejando la escuela y se dedicó a dar conciertos por toda la ciudad, hasta que se dio cuenta de que necesitaba tener una demo para conseguir más actuaciones. Así que regresó con Carney, que tenía su propio estudio de grabación en casa.

“Su banda no llegó a destacar y por eso decidimos grabar alguna mierda juntos” dice Carney. Y esa grabación se convirtió en la demo que enviaron (acompañada de la ya citada carta), que llegó a Patrick Boissel, propietario de Alive Records, a quien le encantó.

“Nada más escucharla me llamó la atención” dice Boissel. “Se trataba de dos personas que tocaban en un sótano, que no habían grabado antes, que nunca habían viajado, que no tenían seguidores… vamos, que venían de la nada. Y yo tenía que tomar una decisión: trabajar con ellos o no. Y decidí darles una oportunidad”.

Con la promesa de que el sello les editaría un disco, los Keys se lo tomaron en serio y consiguieron una actuación. Nunca había tocado la batería delante de nadie” recuerda Carney (así como recuerda mucho espacio libre entre el público en el primer concierto que dieron en el Beachland Ballroom de Cleveland). Pero ellos tenían la sensación de que algo especial iba a suceder. Al poco tiempo el debut de la banda tenía una reseña en la Rolling Stone en la que se le daba cuatro estrellas. “Se lo enseñé a mi padre y se puso a llorar”, recuerda Carney.

A día de hoy, Auerbach aún valora cómo ese primer álbum condensó la esencia. “Fue nuestro primer intento de escribir música”, dice. Y Carney no se sorprende del éxito accidental del grupo. “La mayoría de las cosas que le han ocurrido a esta banda han sido fruto del azar”.

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